Ailúi III
Ailúi salió a mirar el bosque. Esto es lo que vió.
El álamo crece cada vez más alto. Sale una rama junto a la tierra, la siguiente muy cercana también. Se separan del tronco y apuntan al cielo, cada rama como el árbol todo.
El viento agita los flecos del sauce, sus ramas colgantes, llenas de humedad. Las hojas se golpean y derraman lágrimas abundantes. El bosque oye en el viento, detrás del sauce, los rumores de las gotas, de las temblorosas hojas al entrechocarse, tiritando.
Una ardilla ajusta las patas en los zurcos de la corteza. No se la distingue bien en el rojo. El carpintero se prende de un pedazo de madera que cuelga y ya amenaza con caer; se asoma por atrás de él y atrapa un gusano. La paloma junta ramitas y hojas en la aspereza; su compañera siente la gravidez y no faltará demasiado para que el nido sea necesario.
La altura del álamo
Los suspiros del sauce
Las rudezas del roble
El álamo crece cada vez más alto. Sale una rama junto a la tierra, la siguiente muy cercana también. Se separan del tronco y apuntan al cielo, cada rama como el árbol todo.
El viento agita los flecos del sauce, sus ramas colgantes, llenas de humedad. Las hojas se golpean y derraman lágrimas abundantes. El bosque oye en el viento, detrás del sauce, los rumores de las gotas, de las temblorosas hojas al entrechocarse, tiritando.
Una ardilla ajusta las patas en los zurcos de la corteza. No se la distingue bien en el rojo. El carpintero se prende de un pedazo de madera que cuelga y ya amenaza con caer; se asoma por atrás de él y atrapa un gusano. La paloma junta ramitas y hojas en la aspereza; su compañera siente la gravidez y no faltará demasiado para que el nido sea necesario.
La altura del álamo
Los suspiros del sauce
Las rudezas del roble

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