Paseos por los bosques
Niégal era un filósofo de Stélamun. No sólo un filósofo: el más grande de Riuén, y el filósofo que yo querría ser. Vivía en los lindes del Sur, en una hermosa residencia llamada Úmagal. Tuvo allí un par de discípulos, entre los que se contó Muindóie, el autor de los libros donde recoje sus enseñanzas en diálogo, como Platón; y Vóskemi, que luego continuó con su oficio de herrero en el centro del bosque, pero manteniendo el espíritu filosófico que continuó su hijo y tercer gran metafísico de Riuén: Aefílimi.
Fíndo I fue un gran rey de Riuén. Vivió la mayor parte de su vida en el palacio real, donde fue educado en sabiduría, y estudió profundamente las ciencias, especialmente la política y el arte militar, en las que llegó a ser una autoridad cuyos libros se citan muchos años después.
Aílui era un muchacho de los bosques, que los recorría en sus tiempos libres, que en esas épocas de felicidad eran muchos ¡Así de bella era la vida! De él principalmente trata esta saga.
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Aíluissaga
El día en que empezamos a seguirle los pasos a Aílui, él caminaba por el bosque no muy lejos de su casa. Y es que su casa, por una previsión de sus padres, estaba algo alejada del pequeño pueblo, y la rodeaba el bosque. A diferencia de los otros niños, Aílui había sido criado para no temer el bosque, sino quererlo y recorrerlo: los animales salvajes eran escasos, y no se acercaban preferentemente a los poblados.
"¡Que hermoso es este bosque!" se decía Aílui: observaba la luz del sol filtrarse entre las hojas, que cuando se levantaba la brisa desdibujaban los arabescos formando nuevos. Además los cantos de los pájaros quebraban el silencio, y eran muy armoniosos.
Pasaba en su caminar entre las hileras de árboles, tentado a subirse aunque sus brazos cortos no alcanzaban las ramas más bajas. Llegó a un pequeño claro, y encontró algo extraño, algo que lo hizo detenerse. Una rosa opulenta, muy grande y roja, pero cargada de aura dorada y un aroma penetrante. Aílui comprendió de inmediato que la rosa estaba encantada, y aunque tenía muchas ganas de arrancarla y llevarla a su madre pensó que sería mejor dejarla donde estaba. "Nunca se sabe para qué y como hacen los duendes y las hadas sus hechizos."
Volvió a su casa a dormir, pensando siempre en la rosa. Habia pasado mucho rato mirándola, y se le había hecho muy hermosa. Supo que la iría a buscar sin duda el día siguiente...
Fíndo I fue un gran rey de Riuén. Vivió la mayor parte de su vida en el palacio real, donde fue educado en sabiduría, y estudió profundamente las ciencias, especialmente la política y el arte militar, en las que llegó a ser una autoridad cuyos libros se citan muchos años después.
Aílui era un muchacho de los bosques, que los recorría en sus tiempos libres, que en esas épocas de felicidad eran muchos ¡Así de bella era la vida! De él principalmente trata esta saga.
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Aíluissaga
El día en que empezamos a seguirle los pasos a Aílui, él caminaba por el bosque no muy lejos de su casa. Y es que su casa, por una previsión de sus padres, estaba algo alejada del pequeño pueblo, y la rodeaba el bosque. A diferencia de los otros niños, Aílui había sido criado para no temer el bosque, sino quererlo y recorrerlo: los animales salvajes eran escasos, y no se acercaban preferentemente a los poblados.
"¡Que hermoso es este bosque!" se decía Aílui: observaba la luz del sol filtrarse entre las hojas, que cuando se levantaba la brisa desdibujaban los arabescos formando nuevos. Además los cantos de los pájaros quebraban el silencio, y eran muy armoniosos.
Pasaba en su caminar entre las hileras de árboles, tentado a subirse aunque sus brazos cortos no alcanzaban las ramas más bajas. Llegó a un pequeño claro, y encontró algo extraño, algo que lo hizo detenerse. Una rosa opulenta, muy grande y roja, pero cargada de aura dorada y un aroma penetrante. Aílui comprendió de inmediato que la rosa estaba encantada, y aunque tenía muchas ganas de arrancarla y llevarla a su madre pensó que sería mejor dejarla donde estaba. "Nunca se sabe para qué y como hacen los duendes y las hadas sus hechizos."
Volvió a su casa a dormir, pensando siempre en la rosa. Habia pasado mucho rato mirándola, y se le había hecho muy hermosa. Supo que la iría a buscar sin duda el día siguiente...

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