Ailúi volvió por la mañana, y la encontró en un nimbo nuevo. Esta vez era más luminoso, y menos dorado, por la limpieza de la mañana.
Caminó alrededor fascinado un rato, aplastando el pasto rociado. Después se sentó, y se mojó.
Sus ojos empezaron a enfocar partes sucesivamente: los pétalos suaves, la niebla temblorosa, los estambres en la brisa. Luego la comparó con cuantas cosas conocía: las muchachas de su aldea, los árboles del bosque, los rayos del sol, las estrellas: nada encontraba tan puro y tan frágil, tan bello y cercano. Decidió así la suerte de su vida: descubrir todos los misterios que la rosa guardaba. Todos los días pasaría unas horas frente a ella, para aprender lo que tuviera que decirle.
Hoy vio entre sus destellos que la belleza no es estática: que está viva, cambiante y permanente, como todo lo que existe. “El tiempo” reflexionó “no tiene porqué ser una herramienta de destrucción. La vida florece en el tiempo, se desarrolla, se perfecciona… Muerte cruel, culpable de la ruina del tiempo. Esta rosa no morirá: ¿Es por eso su belleza más perfecta?”
Este interrogante no lo pudo contestar aquél día, y volvió a su casa perturbado.
Caminó alrededor fascinado un rato, aplastando el pasto rociado. Después se sentó, y se mojó.
Sus ojos empezaron a enfocar partes sucesivamente: los pétalos suaves, la niebla temblorosa, los estambres en la brisa. Luego la comparó con cuantas cosas conocía: las muchachas de su aldea, los árboles del bosque, los rayos del sol, las estrellas: nada encontraba tan puro y tan frágil, tan bello y cercano. Decidió así la suerte de su vida: descubrir todos los misterios que la rosa guardaba. Todos los días pasaría unas horas frente a ella, para aprender lo que tuviera que decirle.
Hoy vio entre sus destellos que la belleza no es estática: que está viva, cambiante y permanente, como todo lo que existe. “El tiempo” reflexionó “no tiene porqué ser una herramienta de destrucción. La vida florece en el tiempo, se desarrolla, se perfecciona… Muerte cruel, culpable de la ruina del tiempo. Esta rosa no morirá: ¿Es por eso su belleza más perfecta?”
Este interrogante no lo pudo contestar aquél día, y volvió a su casa perturbado.

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